Carlos Di Fulvio
Se acuerda Doña Maclovia?...

Editado en: 1995

01. Se Acuerda Doña Maclovia?... (Chacarera)Haga clic aquí para escuchar una muestra
       (Carlos Di Fulvio / León Benarós)
02. El Emprendado (Gato)
       (Carlos Di Fulvio / Eduardo Márquez)
03. El Duende Sombrerudo (Ronda canción)
       (Carlos Di Fulvio)
04. Variaciones de Pala Pala (Variaciones)*
       (Carlos Di Fulvio)
05. Domingo de Agua (Milonga)
       (Osiris Rodríguez Castillo)
06. Huella Tramontana (Aire de huella)
07. Cerro Salamanca (Chacarera)*
       (Carlos Di Fulvio)
08. Bombo de Palo Viejo (Zamba)
       (Carlos Di Fulvio / Rafael Paeta)
09. Puñado de Ají (Gato)*
       (Carlos Di Fulvio)
10. Dale Tero Tero Dale (Loncomeo)
       (Carlos Di Fulvio)

(*) Dúo de Guitarra con Ricardo Rodríguez Molina

A la señora Doña Maclovia:

Mi querida amiga,

Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos vimos, se acuerda?...El tren aún marchaba a leña y el único vicio que tenía - a igual que el suyo - era pitar y pitar. En varias oportunidades por boca de transhumantes cantores, supe de sus mil oficios y de la suerte que en cada uno de ellos usted corrió. Todos me alegraron; todos menos uno: el de su muerte.

Llegó a mí su recuerdo, al revisar hoy las pilchas del emprendado y notar que el milagro de su ciencia tejedora permanece intacto en el firme color de los mandiles. No así en el lazo - también santiagueño - que por ocioso ha perdido su docilidad. Claro, aquí en la ciudad no me sirve de mucho; cuando más, al verlo colgado en la pared, me lo imagino pialando uno que otro sueño pero - como soy medio chambón hasta para eso - la mayoría de ellos se me escapan. No obstante, en algún viaje que haga a Córdoba, en una de esas "con cuero" que suelen hacer mis paisanos, lo taparé con lo que usted ya sabe (con bosta fresca) después, cuando la reunión haya terminado lo extenderé entre dos árboles, y lo frotaré con hojas de duraznillo. Le aseguro Doña que va ha quedar muy lindo; como cuando era nuevo.

Fíjese si habrá pasado tiempo...Entonces yo era pichón. Hoy, igual que usted, soy abuelo. Se trata de un torito de pelo ensortijado, que no se levanta más allá de las tres cuartas del suelo. Simpático el muchacho. Aveces, cuando llega de visita y por casualidad me encuentra con la guitarra, se cantarle uno de esos inventos míos que retrotraen mi época de niño y que en la actualidad - tanto en la música como en la letra - he modificado. El se sienta y escucha atentamente - le gusta mucho todo lo que sea música - y al final, no se si por compromiso sanguíneo o por afecto, en su media lengua me dice: "me gusta el tema agüelo"...Y ahí se queda, con los ojitos lejos.

Cosas dispares nos da la vida. ¿Verdad mi Doña Maclovia?...Cómo quisiera hablar con usted sobre este asunto. 'Con usted que ha vivido tanto!...Cavilando en esas cosas - si de suerte se trata el destino del hombre en su paso por la vida - suele prevalecer en mí la duda. A tal punto que nunca supe si es ella la que se aferra al hombre o si es éste el que, en su afán de sobrevivir sus días la busca con ahínco; más, con desesperación. De cualquier modo que fuere -y le pido que no se ría - se me representa como una danza agorera y con la misma incógnita que me transfiere la danza del pala pala: nunca supe en realidad si era el cuervo el que arrebata el corazón a la paloma o si es ella la que en su aturdimiento lo entrega...Cómo quisiera hablar con usted sobre este asunto; con usted, a quien tantas veces los cuervos picotearon al vicio en su corazón.

A pesar de todo lo pasado y pisado, mi vida no varió en absoluto; y no crea que por el hecho de andar con la guitarra su entorno rebosa de alegría. Aveces, en primera fila se apoltronan la pena y la desgracia, y ahí tiene usted, uno se siente en un día domingo que, al andar huérfano de trabajo y sin plata se le hace (como el de Osiris) eternamente largo...

...Eso en la capital, por supuesto, donde la vista se estrella contra los edificios altos quienes muy rara vez dejan distinguir el color'del cielo porque, de estar en el campo, ya con sol, viento o lluvia, sobre la serena marcha de mi caballo busco la huella tramontana y me voy senda arriba con la necesidad de hablar con Dios a solas, en la montaña.

Bien sabe usted lo mucho que me atrae el Norte. Yo que he nacido si se quiere en la pampa gringa y que conozco del ganado manso, de la sonrisa generosa del maíz y del mimetismo que logran tanto la alfalfa, como el lino y el trébol con los celestes - azules - blancos cielos de la llanura, cuando me encuentro ante la presencia de un cactus solitario con sus brazos en alto como quien clama por una gota de agua, o ante la de un airoso clavel del aire que tan solo del aire vive adherido a la piedra, se me hace que ingreso al universo de la chacarera y que jamás pertenecí a otro paisaje.

Al igual que aquel cielo de mi niñez en Carrilobo, he logrado mlmetizarme con el suelo de Tulumba. Al menos así lo creo. Me son familiares las costumbres de su gente serrana y su tonada, la histórica arquitectura de su pueblo, su paisaje todo. Y hasta me siento un tulumbano más cuando, por diversas razones, el camino se hace largo y sin regreso. Siento que me perfuma el recuerdo el medicinal aroma del tomillo y el poleo y que un bombo de palo viejo me llama a golpes de corazón, desde la distancia.

Entonces vuelvo como quien vuelve a las cosas simples de la vida para decir: "Buenos días" y "Adiós señor", y con la seguridad de que no existe falsedad ni lisonjeo en las palabras, recibir en pago un: "Que le vaya bien mi amigo". Vuelvo para beber el vino bueno - y no me refiero a la calidad si no a la calidez de quienes lo acompañan - aquél que esperó toda una vida y que en su espera se volvió vinagre a sabiendas que la templanza de los parroquianos lo rediviviría a sus años mozos.

Vuelvo como vuelve el ave a su rama en la hora exacta del ocaso. Vuelvo con la urgencia que urge al perro cuando escucha el eco del llamado de su amo y me dejo estar entre los paisanos como un paisano más. hablando de cosas lindas. Allí aparecen nombres, oficios y cualidades: para el baile. Doña Dominga, para el telar. Doña María, para sufrir. Usted mi Doña Maclovia...Y las tres, entre otras, son como el puñado de ají en la sopa del trasnochado que, aparte de dar color y sabor, tiene la virtud del calor, como la de su brasero.

Y por ahora nada más, mi querida amiga. Sí, le diré que siempre la llevo conmigo; y aunque en más de una oportunidad nuestra amistad nos proporcionó serios dolores de cabeza, cuando aquella legión de miserables negaban su identidad y a la vez me prohibía recordar su nombre para dar a entender que usted había muerto...¿Se acuerda Doña Maclovia?...Al mareen de todo eso. usted siempre anda conmigo porque sé positivamente que jamas pensó ni soñó en morirse. Qué se va a morir!

...Si de andar por todos los rumbos en todos los rumbos me la encuentro apantanando el lueguito como allá, en Herrera.. Le cuento un secreto: una vez - y de esto hace ya muchas vidas me encontré con su persona en un remoto lugar del Sur, lejos de su tierra y usted no me reconoció. Claro, después entendí que no podía distraerse porque estaba rezando en un idioma que no era el suyo. Recuerdo que decía: "Mari mari Guenechán?..." (Cómo te va Dios?...) y después, no recuerdo quien, grito: 'Loncomeo!'.

Siempre la recuerda su amigo,
Carlos Di Fulvio

Desde Buenos Aires, primavera de 1985